IDD-Lat 2009
Prólogo
América Latina continua en la búsqueda de su propio camino hacia el desarrollo democrático, en el marco de una profunda crisis internacional que se originó a mediados del 2008. Esa situación, además de conmover las raíces del sistema económico y financiero internacional y de poner en duda el modelo ético y moral del progreso económico, ha creado serias dificultades para el desarrollo de la región y ha profundizado la desigualdad existente.

Por la propia naturaleza metodológica de nuestro IDD-Lat, que mide el comportamiento democrático de la región en un universo cerrado de los dieciocho países que evaluamos, los efectos de esta crisis no aparecen necesariamente reflejados, puesto que se produce un desplazamiento en bloque de algunos indicadores económicos y sociales.

Pero más allá de la evidencia de los indicadores, la crisis internacional ha venido a interpelar nuevamente a la dirigencia latinoamericana, acerca de la urgencia de resolver antiguos problemas de institucionalidad y ciudadanía que, en su breve historia democrática, no han encontrado todavía solución.

De allí que en este informe 2009, hayamos incluido un capítulo dedicado a analizar el déficit de ciudadanía y la necesidad de políticas de estado destinadas a construir verdaderas sociedades de ciudadanos.

Como venimos señalando cada año, las dificultades de la democracia regional son numerosas y variadas, y es nuestra intención que cada informe vaya acompañado de un análisis cualitativo sobre esas dificultades, para que –puestas en evidencia- puedan ser atacadas con políticas consistentes y de largo plazo.

Parece oportuno reflexionar acerca de uno de los dilemas que enfrenta la dirigencia política regional: ¿cómo construir ciudadanía y calidad institucional con ciudadanos al tiempo que reclaman por sus derechos, están poco dispuestos a cumplir con sus deberes y son menos proclives todavía a compartir su visión y sus responsabilidades con otras personas?

Se evidencia también en la región, que el desarrollo de una cultura democrática exitosa -aquella que sea capaz de crear condiciones para un mayor desarrollo económico, social y humano- con ciudadanos que ejerzan derechos y cumplan obligaciones con responsabilidad social, dispuestos a compartir sus aspiraciones con sus vecinos, parece todavía un desafío muy grande para buena parte de la dirigencia política latinoamericana. Y mientras eso no suceda, las amenazas a la gobernabilidad democrática siguen presentes en el escenario regional y van generando bolsones de autoritarismo, populismo, clientelismo, que atomizan a las sociedades y destruyen los pilares de la democracia.

Un caso evidente en estos días, es la situación hondureña, que expresa con todo dramatismo la incapacidad de la democracia regional para desalojar esos procesos con los mismos instrumentos institucionales de la democracia.

Para vencer estas dificultades, concluimos que el proceso de construcción de ciudadanía para el desarrollo regional requiere:
  • Revertir los procesos de exclusión
  • Reconstituir una trama de valores ciudadanos que se traduzca en una democracia que aspira a la igualdad y al desarrollo humano
  • Conducir el proceso democrático desde la persuasión y la búsqueda de consensos
  • Consolidar un sistema político fuerte, con partidos y dirigentes que actúen como ejemplo democrático
  • Restituir un sistema educativo igualador de oportunidades, particularmente para los sectores de bajos recursos
  • Utilizar la tecnología para consolidar nuevas tramas de ciudadanía desde la diversidad
  • Establecer nuevas formas de participación que legitimen la conducción del Estado y sus directivas en el ejercicio diario de la acción de gobierno.

En lo relativo al informe del IDD-Lat 2009, expresa cualitativa y numéricamente las diferencias que se hacen notorias cada año entre un grupo de países que – no sin dificultades – intenta consolidar sus instituciones, asegurar el ejercicio de derechos y libertades y construir espacios de desarrollo humano; y otro grupo que – empecinadamente – continua explorando caminos de desinstitucionalización, coarta derechos y libertades y afecta el desarrollo económico y social.

Resulta destacable que, a fines del año pasado y con el surgimiento de la crisis global, la región parece haber cerrado otro ciclo positivo de disminución de la pobreza y, muy parcialmente, la notoria desigualdad. El fin de un ciclo de bonanza se evidencia ya en la caída de algunos indicadores y preocupa el impacto de desempleo y pobreza que puede ocasionar la crisis en la región.

A su vez, la aparición de barreras comerciales y restricciones en los mercados, empiezan a generar tensiones al interior de los países y entre países vecinos, que acumulan nuevos y preocupantes desafíos para el desarrollo democrático regional.

Los resultados 2009 de nuestro índice establecen nuevamente una gran disparidad en el comportamiento de los países, con sólo un 17% de países que cuenta con un grado de alto desarrollo; un 28% que alcanza un nivel medio, mientras el 55% restante se ubica en la zona de bajo desarrollo democrático. Pero como siempre destacamos, mucho más importante que el número final alcanzado en el IDD-Lat, es la evaluación del comportamiento de cada uno de los indicadores que integran el índice, porque de ese análisis se desprenden las posibilidades de cada país para alcanzar un mejor nivel de vida y un mayor desarrollo democrático.
Christoph Korneli Jorge Arias
Fundación Konrad Adenauer Polilat.com

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Coordinadora Área Metodología: Lic. Elfreedes Sales Navas
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