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IDD-Lat 2006 -
Tendencias del desarrollo democrático
por país
 
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Costa
Rica sigue manteniendo el 2º lugar en el Ranking regional de Desarrollo
Democrático, y obtiene incluso un mejor valor que el obtenido el año anterior
(creció más del 14%). Ese mejor desempeño se evidencia en todas las
dimensiones, salvo en la II.
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En la
Dimensión II, Respeto de los Derechos Políticos y las Libertades Civiles,
Costa Rica ha obtenido un valor menor que el año anterior, fundamentalmente
por un retroceso en su puntuación del indicador de Género, que mide la
participación de la mujer en el escenario político institucional.
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El mejor
desempeño en Accountability y la resolución de la crisis institucional en el
2005, que permitió que no se aplicara este año el Factor de Anormalidad
Democrática, hizo que Costa Rica haya tenido un buena puntuación en la
Dimensión III de Calidad Institucional y Eficiencia Política.
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El desempeño en la
Subdimensión Capacidad para Generar Políticas que Aseguren Eficiencia
Económica
ha sido muy bueno, de hecho obtuvo la tercer mejor
puntuación de la Región. Costa Rica mejoró todos los indicadores,
especialmente el que mide el nivel de Endeudamiento.
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El desempeño en sus indicadores sociales también ha sido muy bueno. De hecho,
logra el mejor valor de la Región en la Subdimensión Capacidad para Asegurar
Políticas que Aseguren Bienestar (2,714), aunque algunos indicadores, como
Mortalidad Infantil, Hogares bajo la Línea de la Pobreza y Matriculación
Secundaria se hayan mantenido estables, pero en buen nivel.
MEMORIA DEMOCRATICA
COSTA RICA
En Costa Rica, el Presidente Abel Pacheco señalaba al trazar un balance de su
gestión que: “…nuestros esfuerzos han estado destinados a poner orden en la
ejecución de los programas sociales y en la administración de los recursos
públicos a ellos asignados. La formulación de un plan que guía la acción pública
en este campo así como la formulación de planes regionales de desarrollo y el
rescate y reactivación de las estructuras regionales nos han permitido, pese a
la asfixia fiscal que sufrimos, mejorar gradualmente la calidad de vida de las
personas menos favorecidas”. Pero, en realidad, la gestión de su presidencia
estuvo signada por dos grandes temas: a) en lo económico, las tratativas que
culminarían en el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos; y b) en lo
político, el aniquilamiento durante su gestión, de su partido, el PUSC, diezmado
por los procesos judiciales contra los ex presidente Miguel Ángel Rodríguez y
Rafael Ángel Calderón.
En el transcurso del año, la negativa de la Asamblea Legislativa para aprobar
una reforma fiscal urgente, dejó al Gobierno sin los recursos indispensables
para invertir lo necesario y suficiente en los programas sociales.
El especial desempeño económico del país no pudo evitar la crisis social,
política y ética que es común al resto de América Latina. Los pequeños
productores de granos (maíz, frijoles, arroz) desaparecieron y los pequeños
productores de tradicionales (café y caña) se encuentraban en profunda crisis.
La distribución del ingreso se polarizó y el salario real tenía menos poder
adquisitivo que a finales de los años 70. Las capas medias se pauperizaron
ostensiblemente y sus estratos más bajos se encontraban en un límite de
vulnerabilidad próximo al de los estratos pobres.
El gasto social per cápita era menor que en los años 70 y los servicios
públicos de salud y educación se habían degradado severamente, priorizándose
cada vez más la opción de la compra privada de estos servicios.
Desde el punto de vista electoral, el tradicional partido Liberación
Nacional, socialdemócrata, se encaminaba a un triunfo en las elecciones del 5 de
febrero de 2006. Oscar Arias, su candidato, una figura ampliamente reconocida
internacionalmente, contaba ya con un 40-45% de las intenciones de voto. Le
seguía en un distante segundo lugar, con alrededor del 20% de preferencia, Ottón
Solís, del Partido Acción Ciudadana y –con 15%, pero aumentando velozmente su
caudal de apoyo- Otto Guevara, del Movimiento Libertario. El abanderado de los
socialcristianos, Ricardo Toledo, acusaba el golpe recibido por su partido
después de los escándalos de corrupción que estallaron ese año, y obtenía menos
del 5% de las intenciones del electorado.
Luego de una polémica enmienda constitucional que aprobó la reelección
presidencial en el país, el 14 de enero del 2005 Arias inscribió su
precandidatura presidencial y desde el 5 de junio siguiente es candidato a la
Presidencia de la República para las elecciones de 2006. El ex presidente Luis
Alberto Monge y otros voceros lanzaron críticas a su segunda candidatura
presidencial, aduciendo que el fallo de los magistrados no era suficiente para
permitir una reelección y que para ello se requería una asamblea constituyente,
por lo cual su presidencia, representaría un gobierno de facto.
Su candidatura también generó fuerte oposición en grupos de diversa índole,
desde aquellos abiertamente izquierdistas hasta ecologistas. El apoyo a la
economía de mercado y en especial al Tratado de Libre Comercio con Estados
Unidos aún le generan anticuerpos en la sociedad costarricense. Arias impulsa
una agenda de apertura que a criterio de algunos sectores beneficia abiertamente
a la clase empresarial. Su participación o pertenencia a empresas azucareras e
hidroeléctricas que se verían beneficiadas con la ruptura de monopolios
estatales también son motivo de denuncia.
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