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Valorar el grado de avance o retroceso que los países
latinoamericanos presentan en su desarrollo democrático, es importante y
necesario, tanto para los dirigentes como para la sociedad, ya que la
democracia es un camino sin final en el que -muchas veces- los ciudadanos
estamos perdidos y sin referencias próximas que nos indiquen si hemos
avanzado o retrocedido y cuánto lo hemos hecho.
Para contribuir en esa tarea, presentamos aquí nuestro
informe anual del Índice de Desarrollo Democrático de América Latina
IDD-Lat 2007 con el que –por sexto año consecutivo- Polilat.com y la
Fundación Konrad Adenauer, analizamos y evaluamos el comportamiento de
sociedades, dirigentes e instituciones de la democracia en 18 países del
continente.
En la medición de este año, se destacan:
·
El Índice General de este año denota un retroceso en la
región centroamericana, ya que República Dominicana, El Salvador,
Nicaragua y Guatemala presentan la mayor caída interanual en la
comparación con el IDD-Lat del año pasado.
·
Se observa un avance regional en la Dimensión de Derechos
Políticos y Libertades civiles, con un incremento promedio del 4%, que
está motivado centralmente en la mejora en el indicador de género, por la
incorporación de mujeres a los niveles de decisión política que llevó del
16,9% al 20,2% la participación de la mujer en posiciones ejecutivas del
Estado.
·
Se produce una leve retroceso, un 2%, del promedio de la
Dimensión de Calidad Institucional y Eficiencia Política, resultando
destacables las caídas de El Salvador y República Dominicana y
significativa la mejora de Perú.
·
En relación con los fines de la democracia, también en
desarrollo social es llamativa la declinación de varios países
centroamericanos, particularmente, Costa Rica y Panamá entre los de mayor
desarrollo y Nicaragua, Guatemala y República Dominicana entre los menos
desarrollados. Completan el cuadro de caída en los indicadores sociales,
Venezuela y Perú. Entre los de mayor incremento anual figuran Bolivia,
Chile, Ecuador, México y Uruguay.
·
En Desarrollo Económico se observa una mejora en el
promedio de los países latinoamericanos, aunque son importantes las caídas
en esta subdimensión de Chile, México y Colombia
Hiperpresidencialismo y desvanecimiento de los parlamentos
En correspondencia con nuestra preocupación por el escaso
avance de los últimos años en nuestro Índice de Calidad Institucional y
Eficiencia Política (Dimensión III), en el informe de este año nos
ocupamos centralmente de la concentración de atribuciones y poder en torno
a la figura presidencial y la caída simultánea de las instituciones
parlamentarias en las democracias de la región. No porque sea un fenómeno
de este último año sino porque se ha ido acentuando en el tiempo una
peligrosa tendencia, generalizada en las elites dirigentes y en el seno de
las sociedades, que minimiza, o simplemente desprecia, el rol del
parlamento en la democracia regional, mientras se ceden y concentran
atribuciones excepcionales al Poder Ejecutivo.
El régimen presidencialista, que caracteriza a las
democracias de la región, con el ejercicio del Poder Ejecutivo a cargo de
un Jefe de Estado que es al mismo tiempo Jefe de Gobierno, promulga las
leyes, dirige la política interna o externa de la Nación y nombra a sus
ministros y asesores sin interferencia de otros poderes del Estado, ha
derivado en excesos que van potenciando la exclusión del Parlamento y la
Justicia y generando vacíos institucionales que no solo degradan el
funcionamiento institucional sino que, además, abonan el camino de las
recurrentes crisis de gobierno y de los procedimientos de excepción que se
utilizan para sortearlas.
Los países latinoamericanos presentan un patrón
institucional que se gestó desde la anarquía y los liderazgos locales que
sucedieron a la ruptura con Europa en el nacimiento de sus repúblicas, y
motivaron la fundación de esos nuevos estados en torno a liderazgos
personales de fuerte carácter. Ese vicio de origen tuvo otro fuerte
impulso en diversas formas de dictaduras que se dieron en la mayor parte
de los países, y se fue consolidando en un hiperpresidencialismo que se ha
afianzado como característica propia del ejercicio del poder en la región,
al punto que se ha constituido en la forma natural de funcionamiento de
las democracias latinoamericanas.
El ranking de países con mayores atribuciones
presidenciales es encabezado por Venezuela, Argentina, Brasil y Colombia,
aunque en los últimos años la asignación de facultades extraordinarias al
Poder Ejecutivo se ha reforzado en toda la región, incluyendo la sanción
de normas para prolongar mandatos y/o facilitar reelecciones.
La sociedad democrática debe reaccionar si se propone
consolidar un marco institucional que favorezca la estabilidad, la
justicia y el desarrollo con equidad. Es imprescindible recuperar la libre
confrontación de las ideas que surge del inmenso ámbito de la libertad,
cuyo espacio natural en la democracia es el Parlamento.
Es necesaria la existencia de una oposición responsable y
crítica hacia medidas de gobierno, que esté en condiciones de ofrecer a la
sociedad acciones o proyectos alternativos.
Es preciso acometer la tarea de recuperar funciones
parlamentarias (legislativa, control de gobierno y representatividad de la
diversidad que caracteriza a la sociedad) hoy diluidas, o directamente
perdidas en algunos casos.
Desde este punto de observación, análisis y evaluación de
la democracia latinoamericana, que constituye el IDD-Lat, convocamos a las
fuerzas políticas y sociales de la región a redoblar esfuerzos detrás del
inexcusable objetivo de recuperar la figura del Parlamento y del necesario
restablecimiento de controles al ejercicio del Poder Ejecutivo.
Christoph
Korneli Jorge Arias
Fundación Konrad Adenauer
Polilat.com
El hiperpresidencialismo como amenaza a la calidad democrática
Podemos
encontrar en nuestro continente una cantidad variopinta de cuerpos
legislativos: en algunos países agrupados en estructuras bicamerales o
unicamerales, con distinta duración en el mandato de los legisladores e
incluso con distintas atribuciones. Pero la realidad es que todos los
países latinoamericanos sostienen gobiernos con rasgos marcadamente
presidencialistas.
No se
podría decir que un tipo de gobierno parlamentario debería ser por sí
mismo más conveniente que otro para proteger el cuidado democrático de un
país.
Existieron y siguen existiendo gobiernos del tipo presidencialistas que
poseen estándares de calidad democráticos más altos que otros países con
regímenes parlamentarios, pero definitivamente cuando los sistemas tienden
a acentuar ciertas características o defectos, estos estándares
anteriormente mencionados se desmoronan.
El
riesgo de hiperpresidencialismo no está dado por fallas naturales u
ontológicas del presidencialismo, sino que se representa como una
anomalía, muy frecuente en nuestro continente, producidas a partir de la
anulación o coerción de los parlamentos por parte del ejecutivo.
El
impacto de la labor que los parlamentos realizan sobre la calidad de la
democracia puede medirse tanto por sus funciones específicas, las cuales
se encuentran habitualmente explicitas en sus cartas magnas, como por el
resultado o externalidades de su trabajo.
El
resultado de labor legislativa puede tener un fuerte impacto en el
conjunto de la sociedad desde perspectivas más ligadas a la conveniencia
de la representatividad, la apertura de instancias deliberativas genuinas
e incluso pueden, en algunas ocasiones, presentarse como garantes de la
continuidad democrática.
Cualquiera sean las atribuciones del parlamento dentro de un sistema
democrático, es evidente, que el impacto de la buena o mala labor de los
parlamentos influye de igual manera en la calidad democrática e
institucional de los Estados.
Los
parlamentos son ámbitos donde naturalmente se cumplen las funciones
deliberativas dentro del marco democrático. Tanto el poder ejecutivo como
el judicial poseen dentro de sus atribuciones la necesidad de ejercer
ciertas tareas que no contemplan suficientes espacios deliberativos en el
proceso de toma de decisiones.
Por lo
tanto, los parlamentos deberían ser instituciones con mecanismos
consolidados de participación, donde los ciudadanos puedan cumplir un rol
activo. Para esto no sólo es necesario que estas instituciones tengan
canales adecuados e institucionalizados para hacer efectiva esta
participación, sino que dentro de la lógica de división de poderes el
poder que éste sea capaz de ejercer sea representativo.
Los
sistemas hiperpresidencialistas no sólo alientan un tipo de democracia
débil, inestable y de menor legitimidad, en tanto no se respetan las
atribuciones constitucionales de cada una de las instancias que conforman
el cuerpo institucional de un Estado, sino que además desalientan la
impronta democrática volcada a través de la cultura cívica de los
habitantes de cada uno de los países.
Al
desvanecerse el poder parlamentario se palidece, al mismo tiempo, la
firmeza de la norma, la participación ciudadana, la legitimidad del poder
público, la representatividad del pueblo y la credibilidad en las
instituciones, por citar algunas consecuencias.
Estas
consecuencias no sólo se refieren a los vínculos formales que la
ciudadanía posee con sus representantes, sino que superan las instancias
estrictamente procedimentales o administrativas y generan dificultades en
el tramado político y partidario que, finalmente, termina impactando en la
legitimidad de las instancias electorales y, por lo tanto, en la
credibilidad de los ciudadanos en la democracia como mecanismo
indispensable para el proceso de toma de decisiones y el desarrollo
integral de los países.
Vale
aclarar que existe una correlación muy alta entre parlamentos débiles y
sistemas de partidos de baja institucionalización y que la democracia
requiere de partidos sólidos y con bases firmes en la sociedad para
funcionar bien.
El
parlamento es una de las pocas instancias donde las minorías pueden
participar activamente. En este sentido podríamos afirmar que de acuerdo a
la teoría, los sistemas menos volcados al hiperpresidencialismo podrían
contar con una mejor y no sólo mayor representación del conjunto de la
sociedad.
Federico Ricciardi
Secretario Técnico de la
Red
Interamericana para la Democracia
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