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IDD-LAT 2006 -
Tendencias del desarrollo democrático
por país
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Guatemala es el país que más
ha crecido en desarrollo democrático con respecto
al IDD-Lat 2005 (más del 130%), aún cuando esto no le signifique escapar del
grupo de países con bajo desarrollo democrático. El mejor desempeño en muchos
de sus indicadores le ha permitido pasar del 18º al 13º lugar del Ranking
regional.
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En lo
relativo a la Dimensión II, “Respeto de los Derechos Políticos y las
Libertades Civiles”, es destacable el muy buen desempeño obtenido en el
indicador de Género –indicativo de una mayor participación
político-institucional femenina- que, aún cuando el resto de los indicadores
se han mantenido estables, ha posibilitado que el valor alcanzado en esta
dimensión se incrementara significativamente en relación con el año anterior.
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Ha
mejorado el desempeño de la Dimensión III “Calidad Institucional y Eficiencia
Política”, aún sin poder alcanzar el mejor valor de la serie, que fue el
obtenido en el 2002. Resaltan positivamente los indicadores de Percepción de
la Corrupción y de Participación de los partidos políticos en el Poder
Legislativo; aunque no podemos decir lo mismo de los indicadores de
Accountability y Desestabilización Democrática. Pero lo más positivo para
Guatemala fue su salida del grupo de países que reciben el castigo del Factor
de Anormalidad Democrática, lo que permitió que prácticamente alcance en esta
Dimensión el valor del promedio de la Región.
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Subdimensión “Capacidad para Generar Políticas que Aseguren Eficiencia
Económica”,
destacándose el PIB per cápita y el indicador de Endeudamiento. No sucede lo
mismo con los indicadores que conforman la Subdimensión “Capacidad
para Asegurar Políticas que Aseguren Bienestar”,
destacándose sólo su mejora en el valor alcanzado en el indicador de
Mortalidad Infantil, no así en el resto, especialmente en el de Hogares bajo
la línea de la Pobreza.
MEMORIA DEMOCRATICA
GUATEMALA
Por su impacto económico, social y político, en el primer semestre de 2005
sobresalió el tema de la violencia producida por pandillas juveniles. Violencia
que también se caracterizó por el despojo de la propiedad y el asesinato de
quienes se resistieron a “tributar” en moneda. El poder demostrado por las
pandillas juveniles fue de tal alcance, que se tuvo una percepción generalizada
de que las Fuerzas de Seguridad habían perdido el control de las “maras” y el
crimen organizado en los primeros meses del año. Los responsables de dirigir las
Fuerzas de Seguridad reconocieron la presencia en el país de carteles del
narcotráfico, aunado a la debilidad, en ese entonces, del Servicio de Análisis e
Información Antinarcótica - SAIA, que careció de suficientes recursos humanos,
materiales, armas, comunicaciones, medios de transporte terrestre y aéreos. De
manera paralela, se denunció la existencia de un plan de “limpieza social”
contra los pandilleros, luego del asesinato de cinco jóvenes quienes
supuestamente eran integrantes de las denominadas maras. Las pandillas juveniles
son también las principales víctimas de homicidios, por disputas entre sus
grupos, o por “limpieza social”, que se hace con la tácita aceptación de las
autoridades y de la sociedad.
En ese contexto, el Partido Patriota (PP) propuso a los jefes de bancada la
aprobación de una Ley Antimaras, que incluyera mecanismos para su
rehabilitación. La iniciativa fue detenida en el Legislativo. Ante el escenario
vulnerable de la seguridad ciudadana, el Consejo Asesor de Seguridad (CAS)
propuso la necesidad de constituir una Guardia Nacional para integrar a los
elementos policiales y castrenses, pero el modelo de seguridad necesariamente
tendría que incluir la disolución del Ejército, decisión que para el Gobierno no
cabe dentro de su agenda actual.
El reto del gobierno para romper con el fenómeno criminal en todas sus
manifestaciones, pasó por esfuerzos en diferentes dimensiones: el legal con la
aprobación de leyes que siguen pendientes en el Congreso; la transparencia del
financiamiento a los partidos políticos, que muchas veces interactúan con los
violentos para su propio provecho; la vigilancia social e institucional a la
integridad de las personas en los puestos públicos y en las candidaturas; y la
modernización y fortalecimiento de los sistemas de justicia y penitenciarios
para hacerlos efectivos.
El tema de la ratificación del tratado comercial de Centroamérica con los EUA,
por parte del Congreso de la República, produjo un escenario de rechazo social.
El 25 de febrero, el Presidente Oscar Berger entregó al recinto Legislativo el
texto para su estudio y ratificación, que se esperaba se hiciera el 18 de marzo,
previendo reacciones por parte del movimiento social que ya venía expresando su
rechazo al TLC. Empero, al tener información de la disposición de las
expresiones de la sociedad a hacer todo lo posible por evitar la ratificación,
el Ejecutivo, en común acuerdo con el presidente del Congreso, se abocaron a
aprobarlo el 10 de marzo.
Con el respaldo de miles de manifestantes, la Mesa Global entregó al Congreso
un pliego de peticiones con más de 25 mil firmas, entre los puntos solicitados
estaba la no aprobación del acuerdo comercial. El 9 de marzo se intentó aprobar
el acuerdo de urgencia nacional, sin que se lograran los votos necesarios para
ello (105 de 158). Muchos de los diputados no estuvieron presentes por temor a
la presión social. Sin embargo, el día 10, la Unidad Nacional de la Esperanza
(UNE) solicitó dispensar el debate para aprobarlo de urgencia nacional. Esta fue
aceptada, ratificándose el texto comercial por 126 votos de 158 legisladores. La
respuesta no se hizo esperar durante los cinco días siguientes. Al igual que en
Honduras, El Salvador y Nicaragua, el estudio y debate del contenido del
contenido comercial brilló por su ausencia. Hecho que le produjo al mandatario
Oscar Berger y a los partidos políticos que lo aprobaron un serio desgaste y
desprestigio político.
El vicepresidente de la República, Eduardo Stein, reconoció que los EUA le
había impuesto a Guatemala la negociación del tratado de libre comercio,
subrayando que el mismo había sido convenido con la anterior administración de
gobierno, deslindando de esa manera toda responsabilidad sobre el impacto
económico y social futuro.
En el Congreso, a principios de año, y ante la presión social que manifestó
su oposición al incremento salarial de los Diputados de Q10 mil, aprobados en el
período de receso al final del 2004, hubo que dar marcha atrás. El temor de los
legisladores se debió a la consigna de los opositores de avanzar en la
depuración del Congreso. Nineth Montenegro, Diputada por el grupo Encuentro por
Guatemala, haciéndose eco de la demanda social y de algunos grupos económicos,
presentó una iniciativa para reducir el número de legisladores. En consecuencia,
el Gobierno debería convocar a una Asamblea Constituyente, objetivo que fue
anulado por el Vicepresidente de la República, Eduardo Stein, subrayando que de
ninguna manera convocarían a la misma.
Un largo proceso de meses de cabildeo de Jorge Méndez Herbruger, presidente
del Congreso, respaldado por el partido oficialista Gran Alianza Nacional
(GANA), para que se reeligiera al frente de la Junta Directiva de ese alto
Organismo de Estado para el período 2006, concluyó el 25 de octubre con el voto
favorable de 85 diputados. GANA, el Partido de Avanzada Nacional (PAN), bloque
Integracionista; Desarrollo Integral Auténtico (DIA), el Partido Unionista (PU)
y los tres legisladores de Encuentro por Guatemala, fueron los partidos y grupos
que lo ungieron como jefe del Legislativo para el tercer período de la actual
administración de Gobierno.
La composición de la nueva Junta Directiva incluyó a 4 legisladores de GANA;
2 del PAN; 2 Integracionistas; y 1 Unionista. Directiva que refleja
cuantitativamente el peso político de los partidos que la integran. La presencia
de los Integracionistas en la nueva Junta Directiva fue la única novedad, bloque
que tiene una de las características del Partido Frente Republicano Guatemalteco
(FRG), por lo que la incorporación busca darle un nivel de estabilidad a la
producción legislativa del 2006, particularmente las que son de su interés y del
Ejecutivo. La nueva composición dejó fuera al PP que había venido respaldando
las propuestas del partido oficial y del Ejecutivo. Fuerza política que
seguramente mantendrá posiciones pragmáticas, respecto a estos actores
políticos, pero sin descartar acuerdos más sólidos con el centro político y la
izquierda, siempre que ambas tendencias logren avanzar en la concreción de una
coalición de fuerzas políticas en camino hacia el 2007.
No obstante estas interpretaciones, en el Legislativo ha habido una
constante: el Frente Republicano Guatemalteco (FRG) y la Unidad Nacional de la
Esperanza (UNE) han venido respaldando las iniciativas del oficialismo, por lo
que no debiera esperarse algo diferente durante el 2006, que es un año netamente
preelectoral. Aunque la alianza de centro izquierda podría proyectar a la UNE a
ser la bancada sobre la que gire una oposición realista, que hasta el momento no
se ha hecho presente. La vulnerabilidad de ambas agrupaciones, particularmente
el FRG, ha impedido la construcción de un escenario de oposición.
El año 2005, cerró con un crecimiento de la actividad económica del 3.2% en
términos reales. Este comportamiento se fundamenta en un entorno externo
favorable, que fue consecuencia de la recuperación de Estados Unidos (principal
socio comercial de Guatemala), y a una recuperación de la economía interna,
producto de la estabilidad macroeconómica y mejores expectativas de los agentes
económicos. No obstante, resta generar un mejor clima para invertir, ya que las
inversiones tienen mucho que ver con la percepción del país, donde Guatemala no
lleva las de ganar debido a sus niveles de inseguridad ciudadana, y a la
ausencia de incentivos para la inversión.
Entre las metas para lo que resta del gobierno resaltan temas de la agenda
social, los pueblos indígenas y la conflictividad agraria. Sobresale,
obviamente, la meta de reducir la pobreza de 2.3 millones de personas a 500 mil,
al terminar el mandato. Para ello se plantea un enfoque de toda la
administración a la agenda social y la implementación de políticas encabezadas
por el programa Creciendo Bien de la Secretaría de Obras Sociales de la
Presidencia.
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